Acerca de

M. López-Dávalos

M. López-Dávalos

Nací en Logroño (La Rioja), el 23 de Agosto de 1962.

Soy el más pequeño de una familia numerosa con ocho hijos en la que siempre me he encontrado muy a gusto y feliz. Admiro a mis padres más que a nada y, junto a mis hermanos, mis sobrinos y sobrinos-nietos son, sin duda, la gran alegría de mi vida y lo que considero más importante.

Dejé muy pronto los estudios, aunque espero que algún día pueda retomar los estudios de Derecho que inicié en la Universidad de La Rioja.  A lo largo de mi vida me he dedicado a hacer muchas cosas y siempre he procurado hacerlas lo mejor posible.  Trabajé de todo un poco: repartidor de flores, de pasteles, botones, peluquero, camarero…  También he sido empresario durante más de trece años y toda esa experiencia social y laboral no me ha impedido jamás participar en la vida política de mi región a la que llegué movido por la curiosidad con ocasión del referéndum que, en 1978 nos proporcionó a todos los españoles lo que entonces denominamos como Constitución de la Concordia. ¡Dónde habrá quedado la concordia!

Aquella curiosidad inicial derivó en participación activa en un momento histórico de nuestro País y de nuestra región que era absolutamente vertiginoso. Tras las elecciones generales de 1978 ingresé en las “Juventudes de U.C.D.” de las que llegué a ser el Secretario Provincial más joven del Estado. También formé parte del Comité Ejecutivo de UCD-Rioja, en una época realmente irrepetible en la que, entre otras cosas, los riojanos decidíamos constituirnos en Comunidad Autónoma.

Para mí fue un absoluto privilegio participar en la política regional al lado de personajes tan significativos como Rodríguez Moroy, Ropero, Díaz Yubero, Modesto Espinar, Ángel de Jaime Baró y otros tantos que, desde el sector más progresista de la UCD, compartieron conmigo el “arte de hacer política”.  Junto a ellos aprendí la importancia y el alcance real que, en la vida política y en la personal, tienen palabras como honestidad, coherencia, vocación de servicio público, negociación, acuerdo, pacto y respeto al adversario, entre otras muchas que, entonces sí, dignificaban la actividad política.  A su lado me sentí realmente orgulloso de ser un “socialdemócrata”, cuando entonces los del PSOE decían que eso era ser de derechas y los del PP que éramos unos rojazos. ¡Vivir para ver!

Participé en la creación del Consejo de la Juventud de La Rioja, pionero de todos los existentes del Estado, y fui su Secretario hasta 1982.

En 1982, tras la desintegración de la UCD, participé en la fundación del PARTIDO RIOJANO  y fundé su asociación juvenil “Jóvenes Riojanos Progresistas”.   En el Partido Riojano, como en la vida, también he hecho de todo.  He sido responsable de varias Secretarías ejecutivas, Secretario General en 1991 y, desde 1995 soy su Presidente.

También he tenido responsabilidades de gestión como miembro del Consejo de Administración de CAJARIOJA durante los años 1988 y 1989, Director General de Juventud del Gobierno de La Rioja en 1989 y Asesor de Coordinación del Gobierno de La Rioja hasta el año 1991 en que, por primera vez, fui elegido diputado del Parlamento de La Rioja.

Creo firmemente en la capacidad de La Rioja para gobernarse a sí misma y creo que, desde esa autonomía de gestión, podemos contribuir a hacer más grande la Patria común a la que todos pertenecemos.  Ante todo y sobre todo, SOY RIOJANO, me siento muy orgulloso de serlo, pero nunca renuncio a la riqueza que, incluso a nuestra propia idiosincrasia, ha aportado siempre nuestro particular mestizaje con los pueblos de nuestro entorno, a los que admiro y aprecio profundamente.  Vascos, navarros, castellanos, aragoneses, cántabros, andaluces, catalanes, gallegos, extremeños, baleares, valencianos, murcianos, madrileños, asturianos y canarios nos ayudan, desde hace siglos a hacer más próspera esta Rioja nuestra.  Una tarea a la que se han incorporado también otros muchos ciudadanos de cien naciones distintas que han llegado a La Rioja a trabajar a nuestro lado y que ya son tan riojanos como yo.  Todos tenemos la responsabilidad de hacer bien nuestro trabajo, cada uno en su ámbito, porque esa es la única forma de mejorar la sociedad en la que vivimos.

A pesar de todo, sigo creyendo en que el altruismo, el amor al prójimo, la vocación de servicio y la honestidad siguen estando presentes hoy en día en la actividad política. Y, por supuesto, también sigo creyendo en la bondad de la gente.  Todo el mundo es bueno hasta que me demuestra lo contrario (algunas veces hasta tienen que insistir).