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Posted by on 29 Jul , 2017 in Portada | 0 comments

¡Agur, amatxo! ¡Adiós, mamá!

No hace demasiados meses que hablaba con mi madre sobre el sentido de las cosas y el propio sentido de la vida y le decía que hay muchas veces en que me siento decepcionado con lo que veía a mi alrededor. Que me desanima la fuerza del mal pero que, sobre todo, me desanima la dejadez de los buenos. No entiendo porqué, si hay tanta gente buena en el mundo, casi siempre acaba triunfando el mal. Ella, desde sus profundas creencias y con la alegría y el optimismo del que casi siempre hacía gala, me decía que eso es porque cada vez hay más gente que pierde la fe; que sin fe no puede haber esperanza y que por eso, cuanto menos fe se ve, más fuerte se oyen los gritos de los que han perdido la esperanza.

A su manera me decía que, precisamente por eso, nunca hay que abandonar, que no merece la pena desesperarse y que, al contrario, siempre hay razones para la esperanza y el optimismo, incluso en medio de tanto mal.

Ella que, a lo largo de su vida, ha tenido tantos motivos para perder la esperanza, me decía sin embargo que, al lado de mi padre, había aprendido a mantener y a incrementar la fe, a resistir con esperanza y a luchar con optimismo no solo por alcanzar un huequecito en el Reino de Dios, sino a conseguir con su actitud un mundo mejor.

Yo la verdad que, a estas alturas, no tengo ninguna duda de que ese huequecito que ansiaba con tanta fe, lo ha conseguido y que ya está disfrutando de esa felicidad eterna. Y, en cuanto a su deseo de contribuir a mejorar el mundo, esta misma tarde, mientras pensaba como agradecer vuestra compañía, también me he dado cuenta de que lo ha conseguido.

Veréis: creo que en el corazón de cada persona, e incluso en el corazón de cada sociedad, siempre existe un deseo constante de encontrar sentido a la vida y a las cosas. Hay siempre un deseo de sentido y de absoluto.

De maneras muy diferentes, todos buscamos algo o alguien que nos proporcione razones para la esperanza. Necesitamos encontrar gente capaz de sostener la esperanza y en la que apoyarnos y, al final del todo, nos damos cuenta de que lo que necesitamos son ejemplos: gestos creíbles de amor y de servicio.

Y, en estos días de luto para nosotros, me he dado cuenta de que Arantxa ha conseguido, con su ejemplo a lo largo de toda su vida, mejorar el mundo y proporcionar esperanza a muchas personas. Cuando estos días os habéis acercado al tanatorio para acompañarnos y proporcionarnos consuelo por su muerte, me ha llamado la atención una cosa: ¡casi todos hablabais de ella! Casi todos mencionabais anécdotas, momentos y ejemplos en los que Arantxa era protagonista y muchos, muchos de vosotros nos habéis dicho: “yo, de mayor, quiero ser como ella.”

Casi todos veníais a despediros de ella. Era por ella por quien sufríais y era su ejemplo de vida el que admirabais. ¡Ahí estaba el sentido de su vida!

Su ejemplo de vida, su amor incondicional, su fe inquebrantable, su alegría y sus ganas de vivir, su permanente sentido del humor…, en fin, todos esos detalles cotidianos que tenía con cada uno de nosotros, son los ejemplos que nos ha dejado para que encontremos o reforcemos la fe y encontremos la esperanza en las cosas sencillas.

Hoy homenajeamos a Arantxa. Tu esposa, papá; nuestra madre; nuestra abuela; nuestra tía; nuestra hermana; nuestra suegra; nuestra cuñada; nuestra vecina; nuestra AMIGA… ¡Nuestra Arantxa!

Cada uno de nosotros encontrará en su experiencia personal con ella, ese ejemplo. Y por eso, no quería que mis palabras de hoy fueran un simple agradecimiento por venir a acompañarnos a nosotros.

Por supuesto que os lo agradecemos a todos enormemente.  Pero también nos gustaría que pensarais en ella y en la manera en que su ejemplo, de forma directa o a través nuestro, ha podido estar presente en vuestras vidas. Ese será nuestro mejor homenaje. El homenaje a una mujer distinguida y elegante y al mismo tiempo sencilla, que no simple; el homenaje a una mujer de carácter, alegre, divertida, una mujer que nunca se aburrió en su vida y a la que hemos tenido la suerte de tener tan cerca en nuestras vidas.

El homenaje a una gran mujer que nunca perdió la esperanza porque nunca perdió su fe. El homenaje a una gran persona que, con su sentido del humor, con su energía y su alegría, ha sido referente, de un modo u otro, para todos los que hoy la despedimos.

Por supuesto que hoy todos los que formamos su gran familia, la familia que, desde la fe, la esperanza y la alegría, creó junto a Germán nuestro padre, nos sentimos enormemente orgullosos, agradecidos y felices por haberla tenido. Nos sentimos muy orgullosos de ella.

Y nos sentimos enormemente agradecidos. Agradecidos por haber disfrutado tantos años de ella y con ella y, por supuesto, agradecidos de que hoy, todos nosotros estemos aquí para despedirla y para llorarla pero, sobre todo, para reafirmarnos en la esperanza.

Muchas gracias.

Arantxa de Legarra Belástegui falleció en Logroño, (La Rioja), el día 21 de julio de 2017. Este  es el texto que, en nombre de mi padre y mi familia, leí al finalizar el funeral en su memoria, que tuvo lugar en la parroquia de Santa Teresita, el día 24 de julio.

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