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Posted by on 29 Mar , 2017 in Portada | 0 comments

¿Es fácil volver a casa después de haber vivido unos años expatriado?

Esta es una pregunta que me llevo haciendo desde que, hace un par de semanas, una de mis cinco sobrinos que, como consecuencia de la crisis económica española, tuvieron que marchar al extranjero en busca de las oportunidades que aquí no encontraban, por fin ha podido regresar a su país.

Sé que los años que ha vivido en el extranjero no han sido fáciles. Es más: sé que han sido difíciles, muy duros y lamento no haber podido estar más cerca de ella para ayudarle a conseguir que ese viaje fuera menos traumático. Porque yo creo que todo exilio, aunque sea voluntario, acaba teniendo algo de traumático y que, si con cualquier experiencia vital evolucionamos y cambiamos como personas, la experiencia de la expatriación tiene que ser algo así como multiplicar por cinco esa evolución. ¿Cómo te cambia esa experiencia? ¿Qué heridas dejan en tu espíritu esos años de “aislamiento”? ¿Cómo repercute en tus aprendizajes vitales esa lucha cotidiana en un país desconocido, con un idioma, unas costumbres, unas gentes, un paisaje…, tan desconocidos e incluso tan, -en algunas ocasiones-, involuntariamente hostiles?

Estos días he visto a mi sobrina cambiada, pero todavía me pregunto dónde está ese cambio. No ha venido de vacaciones, no ha venido para pasar unos días y regresar. Ha vuelto a casa para quedarse y eso se le nota en la cara y en el cuerpo. Todos estamos felices de su decisión, todos estamos contentos y eso se contagia igual que se contagia su sonrisa relajada, su falta de tensión, su energía y la paz interior que transmite. Parece como si en cada inspiración llenara a tope sus pulmones, ya no hay dificultad para respirar… Todo son abrazos, besos, sonrisas, alegría y palabras de bienvenida… Pero me pregunto: ¿Cuánto dura esto?

Los años expatriados le han cambiado, sin duda. La experiencia ha moldeado su carácter y le ha hecho madurar incluso más que si hubiera seguido aquí y, además, estoy seguro de que eso es bueno. Pero, igual que ella ha cambiado en estos años, ¿cuánto hemos cambiado los que no nos fuimos? Nosotros nos quedamos aquí y también evolucionamos y crecimos y cuando lo haces en la cotidianeidad no eres tan consciente de esos cambios. ¿Notará ella esos cambios?, ¿cómo le van a afectar? Los amigos de siempre también han evolucionado; algunos se habrán casado, otros habrán tenido hijos, habrán cambiado sus costumbres, algunos amigos ya no estarán como antes, incluso habrán cerrado algún bar que antes era habitual… De pronto va a descubrir lo que por otra parte era obvio: mientras ella no estaba, la vida ha seguido su curso. La diferencia es que antes no vivía ese cambio porque enseguida regresaba al exilio y, si se había producido, no le afectaba.

¿Qué pasará cuando acabe la euforia inicial del regreso, cuando descubra que la vida que inicia es más nueva que la que acaba de dejar atrás? ¿Le costará encontrar su sitio? ¿Echará de menos esa ciudad de acogida que tanto quería abandonar? ¿Añorará incluso esos 18 m2 que le servían de hogar a precio de oro? ¿Sentirá nostalgia de su vida de expatriada?

Sé que mi sobrina es fuerte y además esta experiencia le ha reforzado mucho más, -incluso más de lo que ella piensa-, pero aun así tengo curiosidad por ver cómo afronta ese nuevo futuro que empieza a construir. Tengo confianza en ella y creo que las decisiones que ha tomado son más que acertadas y que ha fortalecido su mente lo suficiente como para empezar esta nueva aventura sin correr el riesgo de caer en ese síndrome de los que una vez se fueron y ya no saben volver. Afortunadamente, ha encontrado demasiadas cosas buenas y creo que la compañía adecuada para garantizar el éxito de esta aventura. Lo pienso, lo creo y además ahora tendrá cerca a quienes le queremos y podremos echarle una manita para conseguir que este viaje de regreso sea una experiencia feliz.

Mi compañera y amiga Patty Cardozo, coach experta en “Migracoaching”, ha publicado Tu vida en una maleta, “el único libro que apuesta por el lado enriquecedor de una experiencia compleja para muchos: la decisión de construir una nueva vida en otro lugar”. Es un libro pensado para los que afrontan una nueva vida en otro país, pero también sirve para todos aquellos que una vez se fueron y cuando regresan acaban sin saber muy bien a qué lugar pertenecen. Y, en ese libro, Patty asegura que “Si la vida que quieres cabe en tu mente, podrás construirla en cualquier lugar”.

Así que este va a ser mi primer consejo para mi sobrina: Deshaz tus maletas en este nuevo lugar que has elegido, saca del equipaje emocional que te has traído solo aquellas emociones y experiencias que te ayuden a construir esa nueva vida que tienes en tu mente y descubre que, gracias a lo que has crecido, en aquél lugar que tú hayas elegido, siempre vas a poder sentirte en casa. Y lo mejor de todo: ¡que también en este nuevo lugar vas a seguir creciendo!

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