El Parlament de Catalunya acaba de prohibir las corridas de toros en su territorio y con ello, la única plaza de toros que todavía existe en Cataluña, la Monumental de Barcelona, perderá todo su sentido y acabará convirtiéndose en un elemento de la arqueología.
A mi me gustan los toros, me parecen unos animales preciosos y nobles que imponen con su sola presencia. Y también me gustan las corridas de toros. No soy un gran entendido, ni siquiera un buen aficionado, pero cuando veo un buen espectáculo taurino, reconozco que disfruto. No disfruto con el sufrimiento del animal, igual que no disfruto cuando el torero sufre un percance, simplemente el conjunto me parece un espectáculo llamativo.
Reconozco que para cuando ves una buena faena en la que toro y torero se complementan, has tenido que soportar alguna que otra carnicería que te pone los pelos de punta y te revuelve las tripas, pero cuando ves una buena faena en la que todo el mundo cumple correctamente, el espectáculo puede resultar inolvidable. Todavía recuerdo una extraordinaria faena que tuve oportunidad de ver en la vieja plaza de toros de Arnedo en la que el novillero francés de origen argelino Medhi Savalli, completó una faena realmente espectacular en la que le acompañó no solo el novillo, sino también las banderillas, la cuadrilla y el picador que incluso tuvo que dar la vuelta al ruedo. Nunca había visto una faena tan completa y un espectáculo tan vibrante.
A lo mejor soy un salvaje por disfrutar con esto, pero tampoco siento necesidad de pedir perdón a nadie porque me gusten los toros. Me gustan las corridas de toros y creo que deberíamos respetarlas y mantenerlas obligando, en todo caso, a que cada uno cumpla su papel en el espectáculo y se impidan determinados abusos que se cometen por parte de los toreros estrella, o de los ganaderos sin escrúpulos o de un sector que mueve mucho dinero y que no siempre, lo reconozco, se comporta con honestidad. O incluso de los propios espectadores que, en más de una ocasión, se comportan como auténticos cafres en las plazas…
Creo que las corridas de toros, con buen ganado y buenos espadas son dignas de protección y mimo por parte de los ciudadanos y las autoridades. No puedo decir lo mismo, sin embargo, de todos los espectáculos taurinos que se ofrecen en las festividades de nuestros pueblos y ciudades, incluidos los catalanes. Encierros, vaquillas y recortadores, por ejemplo, son dignos espectáculos taurinos en función de cómo se organizan y de cómo se comporten quienes participan en ellos. Por eso me cuesta entender que en Cataluña prohíban las corridas de toros y no prohíban estos otros espectáculos populares en los que los animales, -aunque no mueran- sufren tanto o más que en una corrida de toros.
Esta puede ser la razón por la que algunos piensan que esta decisión del Parlament de Catalunya no está relacionada con los toros sino que está mucho más vinculada al interés de algunos grupos políticos por “sacudirse” cualquier atisbo de españolidad que pueda existir en sus costumbres y tradiciones populares. “No son los toros, es España”. Esto decía hoy la portada del ABC y parece que sí, que algunos quieren convertir esto en una cuestión política, en una bandera, en un nuevo recurso para defender el independentismo catalán.
Pero lo que no puedo entender es el empeño del PP y de todos los medios de comunicación de su entorno en asociar el legítimo derecho de quienes defienden la abolición de los festejos taurinos con un supuesto ataque organizado a la españolidad, a la unidad de la Nación y a no se qué zarandajas más que, de nuevo, no pretenden otra cosa que ahondar en el enfrentamiento ideológico entre todos los españoles. La defensa de la llamada Fiesta Nacional no es una cuestión ideológica y flaco favor le hacen quienes pretenden asociarla a ello.
No seré yo quien reste responsabilidad e intencionalidad a CiU, a IC, a ERC y a otros grupos independentistas catalanes, como tampoco voy a disculpar a los diputados del PSC que han votado a favor de la prohibición. Ellos son los únicos responsables en esta decisión que, estoy seguro, va a trascender las fronteras de Catalunya. Pero también creo que si, desde el otro lado, no se hubiera avivado la polémica con argumentos políticos, innecesariamente identitarios también; si desde determinados medios no se hubiera sobredimensionado la importancia de esta iniciativa, es posible, -solo posible, lo reconozco-, que con menor presión mediática y, en consecuencia, política, el resultado de la votación de hoy, hubiera sido otro.
Si hoy, como diputado, hubiera tenido la responsabilidad de votar en el Parlament de Catalunya, lo hubiera hecho a favor del mantenimiento de esta Fiesta brava, eminentemente española. No me avergüenzo de que me gusten los toros, ni la Fiesta Nacional.
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